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Tunas asedian el Viejo San Juan.

Recordando la antigua tradición de juglares y trovadores medievales, cerca de 20 tunas llenaron de alegría las calles de la Ciudad Amurallada.
Por Rosa Elia Rivera Díaz / Especial para El Nuevo Día

Momentos del pasacallesDon Goyo brincaba, dando a su pandereta en cada salto un golpe con la punta del pie. Su alumno Rubén Gely lo secundaba haciendo volteretas con las piernas y golpeando la suya, pero con el talón. Ya al llegar a la Plaza de Armas, el público los vitoreaba efusivamente. “¡Goyo, Goyo, Goyo!”, aclamaba la multitud. Y escondida entre la gente, la madre de Gely hacia lo propio por su hijo. Esta fue sólo una de las estampas vividas ayer en el “Pasacalles” del Festival Internacional de Tunas que se celebra por segunda vez en Puerto Rico, cuando tunas de Portugal, Colombia, España, Islas Canarias, México y Puerto Rico invadieron la calle San Francisco, marchando desde la Plaza Colón hasta la Plaza de Armas con su música, baile y excéntricas vestimentas.

La festividad comenzó con los colombianos de la Pontificia Universidad Javeriana, que arrancaron corriendo, brincando y cantando ‘La felicidad’, de Palito Ortega, secundados por una multitud que se conglomeraba a lo largo de la calle y que pretendía perseguirlos. Siguió la TunAmérica, organizadores del evento, que iban calle arriba al son de cuatro y guitarra. En su pase, la Tuna de la Universidad Interamericana de Puerto Rico escogió un pasodoble que resultó el contraste perfecto del flamenco que interpretaron después los canarios de la Universidad de la Laguna.

Mientras sus compañeros tocaban, uno de los visitantes, el canario Miguel Cajiga, se paseaba entre el público ofreciendo los discos con la música de la agrupación. “¿Desea, caballero, comprar un disco de pobres estudiantes?”, preguntaba jocosamente a un transeúnte, mientras comentaba a El Nuevo Día lo “fantástica” que es la Isla y “el alto nivel de competencia del certamen”. Ya entonces, los mexicanos de la Tuna Universitaria de la Ciudad de México llamaron la atención con sus novatos vestidos de indios y sus sombreros de mariachis. Éstos cantaron un huapango, género musical mexicano. Y en una nota jocosa, ya cerca de la Plaza de Armas se lanzaron al suelo y con sus guitarras aún en brazos, cantaban y se rendían ante las puertorriqueñas que pasaban frente a ellos.

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Recordando la tradición de los juglares y trovadores medievales cerca de veinte tunas amenizaron las calles del Viejo San Juan. (José Rodríguez/ END)

“Es un vacilón. Aquí no hay riña musical; compartimos la música”, afirmó Ismael Vélez, de la Tuna Segreles, quien lucía una capa repleta de parches cada país europeo y latinoamericano que ha visitado. Los parches se regalan a los tunos en los países visitados y son pegados en su vestimenta a modo de recuerdo. Con las cintas que se pegan en las capas ocurre algo similar, pero esta vez los recuerdos vienen de parte de las damas que procuran la atención de los músicos.

De las agrupaciones puertorriqueñas sobresalió la Tuna Bardos, que sorprendió a los espectadores con sus novatos vestidos con quimonos y maquillados como geishas. Igualmente, varios de sus miembros lucía pelucas y sombreros orientales.

Publicado en El Nuevo Día, sección de Cultura.
Ediciones en papel y online (www.endi.com)
El día 27 de abril de 2008.

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