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TunAmérica en Japón Día 8:
Para cerrar con el tema de ayer, les contaré que en mi primera cena japonesa quedó definido que aquí, en el país del Sol Naciente, rebajaré unas cuantas libras. Cuando Aoki, el presidente de los rotarios de Atami, decidió invitarnos a cenar, incluidas las birras, no sabía en lo que se metía: la sed natural de los boricuas.
Finalmente, luego de cenar y volver al hotel, intenté dormir. Era la una de la mañana del 23 (12 del mediodia del 22 en Puerto Rico), pero yo seguía más despierto que un gallo al amanecer y con un hambre de “almuerzo”. Junto con el Droopy y el Taliban enrumbamos por las semioscuras y a la vez confiables calles de Atami y encontramos un negocio abierto en donde me bajé una suculenta sopa gigantesca cuyo nombre se los deberé eternamente. Pero para que tengan una idea, pueden tirar una lata vacía por unas escaleras y más o menos así se escuchaba el nombre de la sopa salvadora. La gente del lugar nos mostró un periódico en donde aparecía un artículo y foto de TunAmérica y con gran deferencia nos atendieron de muy buen gusto. Media hora más tarde el cansancio y el sueño se juntaron y volvimos al hotel.
Hoy es 23 de mayo. A las 10:00 de la mañana en punto, para variar, nos buscaron en el hotel, pues nuestro destino del día era Mishima. Antes de tomar el tren, nos dimos cuenta que en los altavoces de la estación sonaba una canción de uno de nuestros discos. Era la estación Ciao 79.6 FM, que anunciaba nuestra presencia en la ciudad. ¡Estamos pegaos!
En una nota al calce, les diré que el sistema de transportación pública de Japón es excelente. Bien dicen que un buen y organizado sistema de transporte es uno de los pilares de las mejores economías, y el de aquí esta fuera de liga. Inclusive hay trenes según la rapidez con que uno quiera llegar a los sitios.
En Mishima, como es usual, nos recibieron calurosamente. La primera presentación del día la hicimos en el Centro de Bienestar de Mishima, local administrado por la Municipalidad de Mishima. Debo decir que es gratificante sentir que aprecian la cultura latina. Además, sorprende la avidez de los japoneses por saber y aprender. Y me refiero a las explicaciones que hacemos al público a través de Mina, nuestra traductora, sobre los instrumentos y la música que interpretamos, además de la tradición de las tunas.
Una de las notas resaltantes de esta presentación es que después de mil años, Don Incondicional tomó la bandera y la bailó como si nunca hubiera dejado de hacerlo. Terminada la presentación nos registramos en el hotel, cosa que me vino de maravilla pues mi reloj biológico lucha por ir al ritmo de mis ya adaptados compañeros tunos. Por la tarde, los dioses por fin oyeron mis plegarias. Me sorprendió que fuera tan rápido. Irma, Helen y Laura aparecieron en el hotel con un arroz con pollo que literalmente roncaba la manigueta. Demás esta decir que desapareció por completo.
A las 6:00 de la tarde ya estábamos rumbo a nuestra segunda actividad que seria en Via 7, en Shimizuko. Ahí nuevamente, con lleno completo, pudimos compartir y hacerles conocer nuestra música a un público japonés y latino que bailó y se alegró al compás de nuestras canciones. Tocamos desde seis chorreao hasta cumbias y valses. Cuando tocamos “Boricua en la luna” el taco apareció, pero fue breve.
Mi primer día, ha sido intenso y para algunos aún no acaba. Sin embargo, valió la pena. Esta cultura es una hecha para dar y brindar al visitante lo mejor. El idioma deja de ser una barrera, pues hasta cuando no nos entendemos, nos entendemos. Vestido a la inequívoca usanza japonesa, como un monje, termino esta crónica prometiéndoles seguir informando de este viaje que desde mi primer día ya es inolvidable. Hay que darle gracias a Dios.
Contenido del Especial "TunAmérica de Puerto Rico a Japón"
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